LLAMADO A LA SENSATEZ DE TODOS LOS COLOMBIANOS.

Por: Rafael Gutierrez

08-15-2020

Rafael Gutierrez

Por la actualidad que cobra el artículo que escribí en Agosto del 2020, lo comparto con algunas actualizaciones por la crisis que se ha desatado en Colombia por la dictadura de Uribe y su gobernante de turno.

La situación que estamos afrontando los colombianos como consecuencia  de la decisión de la Sala de Instrucción de la Corte Suprema de Justicia, de dictar la detención del senador Alvaro Uribe, es de sumo riesgo y de mucho peligro,  pues con los shows mediáticos los colombianos   estamos  cayendo   en  la incitación, tanto   los prosélitos como   los críticos, con  acciones y reacciones que muestran la exacerbación de los ánimos, preámbulo de los enfrentamientos por la via de hecho(violencia).  El fanatismo, la sinrazón y el sectarismo, están volviendo a envenenar  el alma de los colombianos. 

 El pasado histórico de nuestro país,  nos muestra que el sectarismo y la lucha partidista,  fueron las raíces del conflicto que han generado los ríos de sangre que surcan nuestro territorio, dejando  tantas muertes y tanta destrucción a lo largo de este conflicto insensible. La única siembra que han hecho nuestros «partidos históricos»: en esta sangre derramada, en estos delitos infamantes, en está crueldad sin castigo, se resume el sentido de nuestra historia partidista.           En una patria ensangrentada, donde los partidos continúan siendo bandos de una guerra civil que no termina de arreglar sus cuentas de retaliación, nadie se conmueve por estos hechos terribles. Son tan terribles y vergonzosos los hechos de violencia en nuestro pasado y aun en nuestro presente, que no habría espacio en estas páginas para describirlos.         

Los  responsables de esté derrumbamiento del orden y de la convivencia pacífica,  no son los actores materiales  de los actos de violencia cometidos por los colombianos contra los colombianos,   que llenan de silencio y de estupor  estas páginas de nuestra historia: es el sistema político que los toma como sus instrumentos, (idiotas útiles), como sus ejércitos  de dominio, que los alienta, que los incita  que los estimula, que los fanatiza con caudillos que ven desde la barrera,  como en la arena, nos exterminamos los colombianos; mientras,  el sistema político de nuestro país y las otras variables de la corrupción se lucran de las riquezas que tiene Colombia . Es tan lucrativo que dentro del sistema político de Colombia, imperan los señores de la guerra pues esta les permite mantener en los procesos electorales,  las banderas engañosas de querer buscar  la paz, cuando en realidad lo que les interesa es hacer la  guerra.

Es momento de hacer un llamado a la sensatez,  a la conciencia colectiva para que reflexionemos y no permitamos que por la lucha partidista y las ansias de poder para satisfacer los intereses del sistema político y sus patrocinadores, continuemos desbordando los ríos de sangre que corren en nuestra amada Colombia. No podemos seguir siendo carne de cañón de los intereses políticos, enfrentándonos unos contra los otros cuando los políticos desde sus bunkers son espectadores como Nerón en el circo de los leones.

Colombia no puede seguir dando saltos al vacío asumiendo la pasión del sectarismo que repito nos ha llevado desde hace más de 70 años, a surcar a Colombia con ríos de sangre inocente.

El pasado histórico de Colombia, no nos permite que repitamos la historia trágica, lamentable y vergonzante ,  destruyendo nuestro estado de derecho, las instituciones, asesinando a inocentes o defensores de los derechos humanos, cuando en nuestra constitución existe el principio del derecho a la vida, a la inocencia, al debido proceso, a la legalidad y en la cual se incluye el  de la oposición, necesario en toda democracia para que los gobernantes no se conviertan en déspotas que se desvían de sus obligaciones como hombres de estado.

Colombia no puede volver a incendiar El Palacio de Justicia, como ocurrió en 1985,  cuyo objetivo fue el asesinato del presidente de La Corte Suprema de Justicia y 10 Honorables Magistrados que entregaron sus vidas por estar cumpliendo con su deber de jueces  adelantando procesos de extradición contra narcotraficantes. Además del otro objetivo de destruir archivos  que contenían procesos judiciales y que debido a que se quemaron, muchos delitos quedaron impunes.

Colombia no puede volver al drama de los asesinatos de Ministros de Justicia como Rodrigo Lara Bonilla,  Enrique Low Murtra, ni atentados como el sufrido por el Ministro Enrique Parejo Gonzalez y otros líderes, como el de Alvaro Gomez Hurtado y Luis Carlos Galán Sarmiento, etc., etc.

Colombia no puede seguir viendo asesinatos de niños inocentes como los 5 de esta semana en Cali,   y otras veces en el pasado,  ni los múltiples asesinatos de defensores de los derechos humanos, periodistas, etc., etc.,

Colombia necesita que busquemos la paz de manera integral y no solamente con los sectores que el gobernante de turno tenga preferencias,  pues si bien es cierto es un comienzo, se necesita continuar y no dejarla a medias o de manera distorsionada para decir que hemos buscado la paz. Esto debe ser una política de estado y no de gobierno, que por lo regular buscan  lo suyo y no el del  país. Este proyecto de paz debe   vincular a los diferentes actores que generan los disturbios sociales. Tenemos que buscar la paz,  no la guerra. En esto se diferencian los buenos líderes  que son aquellos que buscan el bienestar general de los colombianos y no los de su preferencia.

Al único partido al que todos los colombianos sin distingo de colores, nos debemos adherir, se llama COLOMBIA.

Los verdaderos hombres de estado, concitan la paz y no la guerra, buscan reconciliar y no enfrentar a los colombianos entre sí como reiteradamente lo hace el titiritero del actual gobierno, que como guerrerista siempre ha promovido la violencia bajo una falsa apariencia de buscar la paz. Basta ya,  de dejarnos utilizar como carne de cañón de las luchas partidistas, ansiosas únicamente de la ostentación del poder para lograr su beneficio en detrimento del  de los colombianos.

Si en verdad queremos la armonía, la convivencia pacífica respetando las diferencias, respetando el Estado de Derecho y sus instituciones, es necesario hacer un llamado a la sensatez para que  calmen los ánimos exacerbados por las políticas del gobierno del presidente Duque, que ha llevado al pueblo a decidir entre arriesgarse al contagio del covid o protestar para que se solucione la actitud déspota y corrupta de su gobierno. Protestas que se han querido deslegitimizar para justificar los choques de las fuerzas armadas del gobierno contra los que protestan pacíficamente como lo propone Alvaro Uribe, operando  como la mano negra del gobierno para continuar en el poder.  No continuemos con los shows mediáticos, incitando  al sectarismo principio y continuidad de la violencia en Colombia; Que tiene manchada de sangre a todo el país.  “Dios Salve a Colombia”

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